Pasar la noche en vela...algo que a todos nos ha ocurrido en diferentes ocasiones, pero no siempre la pasamos por el mismo motivo.
El más común de todos, quizás, sea el más evidente. Nos levantamos temprano, por lo tanto, nos dormimos la siesta y por la noche...por la noche ojalá tuviesemos la mitad de sueño que tenemos por la mañana.
Pero hay veces, en los que un@ se levanta muy temprano, va a clase, se pasa el día fuera de casa, no duerme la siesta, llega a casa por la tarde-noche cansad@ y cuando por fin llega el tan ansiado momento de dormir...no puede. ¿por qué? ¿qué o quién es el culpable de que desaparezca el sueño?
Me he pasado muchas noches en vela, muchas noches pensando en alguién que probablemente no haya dedicado ninguna de sus noches a pensar, ni tan solo por un segundo en mi. Pensando en lo que pudo ser y no fue, en las cosas que he hecho mal, en cuantas veces me he equivocado...pensando...
Otras muchas, de pensar he pasado a llorar, a llorar de impotencia, de ver que lo que yo quería no estaba en mi mano, que lo deseaba era algo casi imposible, que aún estando tan cerca, no lo podía alcanzar.
Cuantas lágrimas derramadas en tantas noches en vela, tantas lágrimas en vano, y todo ¿para qué?
Ahora sé que todas esas noches, todas esas lágrimas han servido de algo...me han servido para hacerme más fuerte, para no vovevr a cometer los mismos errores del pasado, para saber y darme cuenta que puedo seguir adelante y que por fin puedo dejar atrás todo lo que ya no quiero tener en el presente.
Y si tengo que pasar más noches en vela, no será porque nadie me quite el sueño, sino porque ese alguien será mi sueño.
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